sábado, 27 de octubre de 2007

EN SEGUNDO PLANO
Entro a un café, me instalo sola; vienen a saludarme; me siento rodeada, solicitada, halagada. Pero mi otro yo está ausente; lo convoco en mí misma para que me retenga al margen de esta complacencia mundana, que me acecha.
Apelo así a su "verdad" (la verdad de la que mi otro yo, me da la sensación)
contra la historia de seducción en la que siento deslizarme.
Hago responsable a tu ausencia de mi inhumanidad para todo lo demás.
Invoco tu regreso: que aparezcas, que me retires del brillo efímero,
de la infatuación del contexto,
para que me restituyas la intimidad,
la gravedad
de un mundo amoroso.

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